Lección 1 de 0
En Progreso

lección 2

3 diciembre, 2022

En los años 70, dos autores llamados Horst Rittel y Melvin Webber, estudiosos de la disciplina de la investigación de operaciones, escribieron un artículo en el que denominaron “problemas retorcidos” a aquellos que, frente a los problemas de índole más domable, son problemas de muy compleja solución. Esa complejidad es debida a varios factores. Por un lado, los problemas perversos son imposibles de predecir y difíciles de cuantificar, ya que dependen de multitud de factores que en muchas ocasiones son desconocidos en el momento de la definición del problema. 

Si, por ejemplo, queremos diseñar un mejor sistema de evacuación de heridos en una catástrofe, casuísticas como la afectación del terreno o el grado de destrucción de infraestructuras, nos hará muy difícil tener diseñados planes de acción sin que haya ciertas grietas en su ejecución. Esto supone que, en el proceso de diseño, la fase de definición resulte muy complicada y a veces los equipos de diseño pasen mucho tiempo discutiendo sobre cuál es la casuística exacta y concreta sobre la que quieren trabajar. Es por esto que la fase de definición es tan importante para el éxito del proceso.